En los últimos días en Colombia la grosería, la patanería hacia las autoridades llámese gobernantes, policías, militares o profesores se puso de moda pareciéramos que los Colombianos fuéramos ingobernables, en Bogota un joven malcriado con pataleta de niño en forma desafiante humilla y amenaza con falso poder a las autoridades policiales cuando le hacían un operativo de alcoholemia. En Ginebra Valle se difunde por la internet un video donde se ve como jóvenes provocan a las autoridades policiales.También nos enteramos como por Facebook se disemina fotos intimas de una agente de tránsito
Queda uno aterrado de este matoneo de este deseo de destruir a la autoridad . Cuanto falta hace las clases de la urbanidad de Carreño o las clases de valores humanos cívica en las escuelas, colegios y universidades 
Cuanto falta hace de ponerse más al lado de la autoridad y no al que desautoriza o subleva

MIREN LO QUE OPINAN POR LA INTERNET SOBRE ESTA AUSENCIA DE RESPETO

¿A qué se debe la falta de respeto a la autoridad?
“Es posible que algún día se reconozca que el desafío a la autoridad establecida —religiosa, seglar, social y política—, como fenómeno mundial, es el acontecimiento más extraordinario de la última década.”
HAN pasado muchos años desde que comenzó la década de los sesenta, los años a los que hace referencia en este comentario la historiadora y filósofa Hannah Arendt. Hoy la oleada de falta de respeto a la autoridad tiene más fuerza que nunca.
Por ejemplo, un informe reciente que se publicó en The Times, de Londres, mencionó: “Algunos padres se niegan a aceptar la autoridad de los maestros sobre sus hijos y se quejan cuando intentan disciplinarlos”. Con frecuencia, cuando los hijos reciben disciplina en la escuela, los padres van allí, no solo para amenazar a los maestros, sino para atacarlos.
Un portavoz de la National Association of Head Teachers de Gran Bretaña, una asociación de directores escolares, comentó: “El público dice: ‘Tengo mis derechos’, en vez de decir: ‘Tengo responsabilidades’”. Además de no inculcar en los hijos un respeto saludable a la autoridad, algunos padres no los corrigen, y no quieren que otros lo hagan tampoco. A los niños que exigen sus “derechos” se les permite mofarse de la autoridad de los padres y de los maestros, con unas consecuencias predecibles: “una nueva generación que no tiene ningún respeto a la autoridad y poca idea de lo que es correcto e incorrecto”, escribe la columnista Margarette Driscoll