COMO DUELE LA FALTA DE DORITA EN EL PERIÓDICO

El 8 de febrero de 2016,el Columnista del Periódico El País de Cali ,Jorge E Rojas le dedica una columna con una semblanza reflexiva a la recién fallecida Dora Libia González ,invito a leerla para que se den cuenta de la sensibilidad que despertaba nuestra amiga ginebrina en el periódico .
http://www.elpais.com.co/…/columna/jorge-e-rojas/ultima-vez…

La última vez

¿Cómo fue la última vez?

Dos compañeras del periódico tuvieron un espantoso accidente de tránsito este viernes, cuando a la hora del almuerzo se movían en moto por el centro de Cali. Una de ellas, Martha Elena Giraldo, sigue todavía en la clínica. Dora Libia González, que viajaba de parrillera, murió. Dora Libia tenía 44 años y desde hace 20 trabajaba en la empresa. Durante 19 fue la asistente de Diego Giraldo, que es el jefe de Propaganda y está encargado, entre otras cosas, de cuadrar los avisos de publicidad en las páginas impresas de El País.

Así que la mayoría de periodistas que en ese tiempo pasamos por el diario, en algún momento levantamos el teléfono para preguntarle a Diego por la suerte de un aviso y tantos días, antes de su voz, estuvo la de ella: Quihubo Dora Libia, qué más. Quihubo Jorge Enrique, cómo le va, respondía en un tono cantadito, pero elegante. ¿Sabes si está don Diego? Ya se lo paso… Y así durante mis quince años aquí. Y así más o menos cada vez que nos vimos en algún pasillo o en la cafetería a la hora del desayuno. La última vez fue allí mismo: Dora Libia llevaba una blusa verde y ahora debo suponer que lo último que nos dijimos fue una reproducción de nuestros milimétricos encuentros telefónicos.

¿Cómo fue la última vez? ¿Cómo fue cada vez? Con las personas que amamos, por ejemplo. Las que viven en el amor que no se elige, la familia. En el que se elige, los amigos. Y en el amor que jamás se elige porque entonces no sería amor. ¿Cómo fue la última vez con las personas que no amamos en esa misma proporción pero que igual nos componen el mundo? El vecino. El paisa que nos fía en la tienda. La doña de las arepas. El señor que abre la puerta del edificio. Un cercano-lejano compañero del trabajo. Dora Libia. Martha Elena. ¿Cuál fue el último cruce de palabras qué nos permitió la vida? ¿Qué nos dijimos? ¿Qué nos dijimos?

Aunque nadie muere a la víspera, como dice el refrán, nadie podrá negar que cada vez la vida se hace más frágil en este planeta que se hincha sin remedio. Ahora fue una moto con dos compañeras bajo las llantas del MÍO, pero en el mundo que nos corresponde hay balas perdidas que una tarde de domingo pueden entrar a las casas. Y afuera de las casas, tipos que las disparan de frente por robarse un teléfono. El nuestro es un mundo de zancudos mutantes que no pican sino que matan. Mundo donde el agua ya no sale de la llave por las noches. Y donde cada vez hay más niños desnutridos, pero ya no en el África recóndita que hace tiempo nos estremecía en las páginas de la National Geographic, sino aquí no más en La Guajira. Este es el mundo de tarados como Kim Jong-un, con una Bomba H guardada en el garaje de su casa. El mundo donde cada vez somos más y todo se hace más angosto. Desde la cabecita del dictador de Corea del Norte hasta las calles de Cali.

Dora Libia vivía en Ginebra y todos los días para llegar hasta acá, viajaba con su jefe Pilar, que venía desde Pradera. El próximo 20 de marzo cumpliría exactamente veinte años en El País. Hace diez adoptó una niña a través de un proceso lleno de amor que cierto día también alimentó las páginas de este diario envuelto en una nota que escribió otra compañera. Esa niña era la vida de Dora, contaba el sábado Ingrid, en la recepción del periódico con los ojos muy tristes. El viernes al mediodía, antes de que se fuera con Martha Elena para el centro, el ingeniero de sistemas Juan Carlos Bustamante les hizo una broma mientras se acomodaban en la moto afuera de la empresa. Rieron. Y se fueron tranquilas. Como en tantas otras ocasiones. Regresarían después de almuerzo. ¿Qué de malo en este mundo les podría pasar?